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A Mercedes Fernández Vargas ‘La Sarneta’ (Jerez, 1840 – Utrera, 1912) se le atribuyen cinco estilos de soleares. En este palo concreto ha sido la creadora más reconocida de la historia del cante. Llegó a actuar en los teatros, le dio al cante una categoría que antes no tenía. Y era una diosa en la casa de los Pavón Cruz.

Cuando se habla de la discriminación de la mujer en el flamenco se olvida el papel que jugaron algunas figuras femeninas del siglo XIX. Por ejemplo, Mercedes Fernández Vargas Costa Jiménez, La Sarneta. ¿Sarneta o Serneta, cómo era? Sobre el origen de su apodo han corrido ríos de tinta, pero fue ella misma quien se lo dejó claro a Roberto Palacio en la revista Alrededor del Mundo, en 1901: “Porque dicen que un pájaro, que le llaman sarneta, que es muy ligero, y como era muy viva de pequeña, me decía mi mare: “¡Anda, que pareces una sarnetiya! Y Sarneta me quedé”. En cambio, en Jerez suelen decir Cerneta, y así consta en algún periódico de la época. Incluso Zerneta. Nos quedamos, pues, con la versión que da ella de su célebre remoquete artístico.

En el siglo XIX hubo grandes cantaoras y cantantes aflamencadas. Digo esto porque últimamente se confunden mucho y no se matiza lo suficiente. La Andonda era cantaora. Amalia Molina, cantante de aires regionales y, sobre todo, una gran bailaora. La Sarneta era cantaora y de las mejores de su tiempo, comparable a una María Borrico o una Cachuchera, aunque más famosa. Pero a diferencia de estas citadas, Mercedes llegó a actuar en los teatros y le dio al cante una categoría que antes no tenía. Al parecer, verla en un escenario era todo un espectáculo.

«Tomás Pavón solo puso una vez la autoría de algún cante en la galleta de sus discos: Soleares de Serneta. Y la devoción de su hermana Pastora por la maestra jerezana estaba fuera de toda duda»

¿Emparentada con los Pavón Cruz?

Quienes llegaron a verla sobre un escenario, como fue Pastora Pavón, aseguraron que era algo inenarrable. La Niña de los Peines tenía 22 años cuando murió la cantaora jerezana, así que la escuchó mucho. Según su hija Tolita, también lo hizo en privado, en Utrera, porque, según esta mujer, estaban emparentadas. La madre, Pastora Cruz Vargas, la llamaba “prima” porque el abuelo materno de la Sarneta, José Vargas, de Jerez, era primo hermano o primo segundo de la abuela materna de Pastora, Gracia Vargas Reyes. Esto es algo que queda pendiente de confirmar, pero que aseguraba Tolita.

Recorte de prensa de El Toreo, 1882, donde queda claro que era su presentación en Sevilla. Archivo Bohórquez.

Fueran o no de la misma familia, que no hay por qué poner en duda lo que decía Tolita (Pastora Escacena Pavón), lo cierto es que la Sarneta era una diosa en la casa de los Pavón Cruz. Pastora y Tomás la adoraban. Precisamente tengo el disco de pizarra donde Tomás cantaba las Soleares de Serneta, una placa de 1947, de La Voz de su Amo (OKA. 1137. AA 400), con Melchor de Marchena a la guitarra. Contiene las soleares Tengo el gusto tal colmao, Yo nunca a mi ley falté y Acuérdate cuando entonces. Poseo el disco original que era del propio Tomás y que me regaló su sobrina nieta, Pastori. También la gramola en la que lo escuchaba, regalo de uno de los grandes amigos de Tomás.

No sé si se habían dado cuenta o no pero Tomás solo puso una vez la autoría de algún cante en la galleta de sus discos: en este de La Voz de su amo, de 1947. Soleares de Serneta. Era su manera de reconocer la admiración que sintió siempre por Mercedes. No lo hizo por Frijones o por el Mellizo, y sí por La Sarneta. Y si nos referimos a su hermana Pastora, su devoción por la maestra jerezana estaba fuera de toda duda, como se puede comprobar estudiando someramente su obra discográfica.

No sabemos en qué se basó Ricardo Molina para asegurar que Pastora pasó largas temporadas con Merced en Utrera, si en el testimonio de la propia cantaora o el de Antonio Mairena. Tolita no me refirió nunca eso, solo que había parentesco familiar y que su madre y sus tíos Arturo y Tomás hablaban de ella como si fuera Dios. La llamaban “Doña Merced”, algo que pone la carne de gallina.

«Por un pájaro que le llaman sarneta, que es muy ligero, y como era muy viva de pequeña, me decía mi mare: “¡Anda, que pareces una sarnetiya! Y Sarneta me quedé»

Del barrio gitano de la Albarizuela

Los padres de Mercedes la Sarneta se casaron en la Parroquia de San Miguel el 16 de febrero de 1837, y no el 15, como aseguró Daniel Pineda Novo en la conferencia que ofreció en Jerez en junio de 1988, con motivos del ciclo Dos siglos de flamenco. Su padre, José Fernández Costa (o Acosta), según numerosos documentos, era natural del pueblo sevillano de Gilena, tenía 23 años, de profesión herrero y vivía en la calle Rui López, donde murió el gran Manuel Molina el 24 de septiembre de 1879. La madre, María del Rosario Vargas Jiménez, de Jerez, 22 años, dedicada a sus labores y residente de soltera en la calle Don Juan. Esta mujer era hermana del padre de Antonio Vargas Fernández, el popularísimo Frijones de Jerez. Por tanto, y es sobradamente sabido este dato, la Sarneta y él eran primos hermanos.

De la calle Don Juan

Mercedes vino al mundo el día 19 de marzo de 1840, en la calle Don Juan, el domicilio de sus abuelos maternos, José Vargas y Fernanda Jiménez, ambos jerezanos. Su infancia, pues, transcurrió en ese popular barrio jerezano, San Pedro o la Albarizuela, en calles como Rui López, Don Juan y Los Gitanos. Su hermana Micaela, nacida en 1842, vino al mundo en Rui López. Bernarda, 1843, Los Gitanos. María, 1854, Don Juan. Y Josefa, 1858, Don Juan. En esas tres calles transcurrió la infancia de Mercedes durante los años que vivió en Jerez. O sea, que no es verdad que desaparecieran de esas calles en 1847, como aseguró Daniel Pineda Novo. Ni que se fuera el matrimonio a otro barrio de Jerez o a Sevilla, como insinuó, cuando ella era una niña de 7 años, sino años más tarde.

Certificado de Defunción

Como indica el nacimiento de Pepa, Mercedes tenía 18 años y aún vivía en Don Juan, en la misma casa donde nació, la de sus abuelos maternos. Es verdad que, como averiguó el señor Martín Barbadillo, en el inicio de los sesenta se mudaron al Barrio de Santiago, donde en 1866 hubo una desgracia familiar que dejaría tocada a Mercedes: la muerte de su querido hermano Juan, ocurrida el 25 de enero de este año en el número 19 de la calle Marqués de Cádiz, cuando tenía solo 27 años y estaba ya casado con María Vargas. La misma calle donde murió el padre, el 7 de mayo de 1882, aunque en el número 12.

«Sabiendo Chacón que era tan pobre que alquilaba su lujosa ropa, le organizó un homenaje en la capital de España y le buscó algunas actuaciones en teatros, como la del Liceo Rius de 1894»

Su debut en Sevilla

Dijo también Pineda Novo en la ya citada conferencia que Mercedes debió de cantar en el primitivo Café del Burrero, con Silverio, antes del viaje del genio sevillano a Sudamérica. O sea, antes de 1857. Entonces no existía el primitivo Café del Burrero, ni don Manuel Ojeda pensaba siquiera en tener cafés cantantes. Tampoco Silverio, que se fue a América de picador de toros, con 26 o 27 años, cuando la Sarneta tenía 17 y aún no había salido de Jerez, y mucho menos para cantar. Su debut en Sevilla, si hacemos caso a una gacetilla de El Toreo, que se refería a la nómina de artistas del café de Silverio, de la calle Rosario, en 1882, debutó ese año en la capital andaluza, y, que nos conste, no antes:

Tocador de guitarra, primero en el mundo del género flamenco, José Patiño González, acompañándole Manuel Pozo.

Primeras cantadoras absolutas, Doña Mercedes Hernández (sic), conocida por la Sarneta, la que se presenta por primera vez en Sevilla y está reputada por la única en su género y sin rival en el mundo.

Sería verdad porque el gacetillero ni siquiera sabía su apellido. Seguramente, Mercedes no era aún muy conocida y mucho menos en Sevilla. ¿Reputada por la única en su género y sin rival en el mundo, y no cantó en Sevilla, de manera profesional, hasta los 42 años? ¿Ni siquiera viviendo en Triana, como dicen que vivió? Cantaría de nuevo en 1888, con Chacón ya triunfando en Sevilla:

Para que nadie falte a la obra que nos ocupa (el juguete cómico en un acto original de D. Miguel Echagaray Manzanilla y Dinamita), en ella luce su habilidad reconocida en el cante flamenco, la aplaudida cantaora del género Mercedes Fernández, La Zerneta, a la que el público aplaude con entusiasmo, haciéndola repetir infinidad de ocasiones de su repertorio.

Al no citar al guitarrista, que era habitual entonces por respeto a estos profesionales, suponemos que se acompañaba ella misma, que era también guitarrista. Para mayor información, profesora que daba clases a domicilio a miembros de familias de buena posición económica tanto de Sevilla como de la capital de España, donde parece que residió grandes temporadas y tuvo cierta notoriedad, sobre todo a raíz de que Chacón se hiciera figura y le ayudara a que fuera más reconocida de lo que había sido en los ochenta. Sabiendo el cantaor jerezano que era tan pobre que alquilaba su lujosa ropa, le organizó un homenaje en la capital de España a mediados de los 90 y le buscó algunas actuaciones en teatros, como la del Liceo Rius de 1894:

En esta noche y en la de mañana se verificarán en el Liceu Rius dos grandes funciones de cante y baile andaluz, organizadas y dirigidas por el célebre Antonio Chacón, que se encuentra de paso en esta corte. Figuran en el programa para las dos noches la famosa Mercedes Fernández (La Cerneta), que aún conserva –como dicen los aficionados, “la llave del cante”.

Es curioso que Merced debutara en Sevilla meses antes de la muerte de su padre. Parece como si el progenitor le hubiera puesto problemas para cantar en los cafés, algo muy frecuente en aquellos años porque un café cantante no era el lugar más recomendable para una señorita.

«Cuando La Sarneta llegó a Utrera tenía ya muchos años y era incluso una cantaora que venía de vuelta. Su escuela era la jerezana, porque desde muy niña vio en su casa a cantaoras y cantaores de esa ciudad»

. Y el 18 de junio, con 72 años, de 1912, la Reina de la Soleá moría en el número 9 de la Plaza de la Constitución por causa de una gastroenteritis.

Fue enterrada en el Cementerio Católico Municipal de San Francisco el Grande, de lo que se encargó su sobrino Salvador Torres Fernández, con quien al parecer vivía. Sería uno de los hijos de Josefa Fernández Vargas, una de las hermanas de Mercedes.

Su obra cantaora

Salvo que un día aparezca un cilindro con algún cante suyo, algo difícil, nunca sabremos cómo cantó Merced y cómo era su voz. Alguien de Utrera con muchos años, que la llegó a escuchar en una fiesta familiar ya muy mayor, me dijo un día en el Potaje Gitano que no se parecía en nada a Fernanda, que tenía una voz muy musical y agradable. Y es que Fernanda no fue continuadora de la escuela de La Sarneta, porque no la escuchó nunca y, además, tenía otra condición de voz. La siguieron más Chacón y Pastora Pavón que Fernanda, porque tenían unas condiciones más parecidas.

Tampoco Mercedes era de la escuela de Utrera, algo que debería quedar claro para siempre, porque cuando llegó a este pueblo tan flamenco tenía ya muchos años y era incluso una cantaora que venía de vuelta. Su escuela era la jerezana, porque desde muy niña vio en su casa a cantaoras y cantaores de esa ciudad. Parece ser que Salvador Fernández, su padre, gitano herrero, tenía cierta solvencia económica, como lo demuestra el hecho de que al morir fuera enterrado en segunda clase, cuando lo normal era, entre los gitanos, en tercera clase e incluso en fosas comunes.

Se le atribuyen a Mercedes cinco estilos de soleares, bien conocidos por los buenos aficionados. Esto es siempre muy delicado, pero lo cierto es que ha sido la creadora más reconocida de la historia del cante en este palo concreto. Tiempo habrá de hacer un pormenorizado estudio de sus estilos, cuando esta Serie Oro se convierta en libro, que es nuestra idea.

Tabla de la Serneta en el parque del flamenco de Fuente Palmera

FUENTE: www.expoflamenco.com